La Meretriz


Todos los días la miraba desde la lejanía
siempre presente en sus negocios
ocupaba mi corazón con su hermosa voz
todos querían yacer con su cuerpo.

Desde otra habitación escuchaba sus latidos
latidos de amor hacia un hombre perdido
acompañaba su melancólica sonrisa con vino
que le servía cada noche, detrás de la barra.

Así dormía a su corazón roto por la tristeza
hablaba con ella tras cada sorbo 
estaba rota y cada noche la acompañaba
llevándola a su habitación llena de recuerdos.

Así pasaban los días, alquilando su cuerpo
pero su alma estaba intacta y pura
era fuerte aunque la viera llorando en la oscuridad
la amaba como se ama a lo inalcanzable-

Siempre que llegaba, me regalaba una sonrisa
ansiaba poder tocarla, pero el negocio estaba antes
y los amores se dejaban fuera de aquel lugar
los celos y la desesperación se apoderaban de mí.

Nunca quise recordar los rostros que la ansiaban
y hacía mi tarea como cada día, ignorando al impío
hombres desalmados que no encontraban la paz
y se sentían importantes cuando ella les hablaba.

Podría conseguirla cuando quisiera por dinero
pero eso me destrozaba y me hacía sentir asco
porque el amor no se puede comprar
pero ella lo vendía al mejor postor.

Los meses se convirtieron en años y su sonrisa
seguía iluminando mi vida, ya las canas
no podían ser escondidas ante el paso del tiempo
todo tiene su tiempo y el de ella se acababa.

Cuando el declive de su cuerpo apareció
los hombres ya no la querían cerca
y la soledad se apoderó de su cuerpo
su sonrisa se quebró y la acompañé a su cuarto.

La dejé como cada noche arropada y dormida
pero no se presentó a la hora de las brujas
como cada noche y sentí que la había perdido
las noches se hicieron eternas y aburridas.

LLegaban nuevas mujeres a sustituir a las desechadas
ella era la esencia de aquel lugar y ahora estaba maldito
su sonrisa no la volví a verla nunca más
murió aquella noche abrazando una foto desgastada.

A su funeral, solo fuimos las que la respetabamos
no éramos muchos, pero sí muy fervientes admiradores
deposité mis últimas lágrimas sobre su ataúd
y nunca más volví a servir una copa de vino.

Pasados los años, mi amor por ella me acompañó
sus risas llenaban una casa arrasada por mi tristeza
reía sus gracias en mi pequeña locura de amor
pasados los meses, me encontraron sentado .

Sonriendo mientras abrazaba su foto contra mi pecho
a mi entierro no fué nadie, pues había sido olvidado
en mi amor por ella, pedí que me enterraran junto a ella
y volví a servirle una copa de vino, mientras me regalaba una sonrisa.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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