La escalera


Cuando la palabra no basta para socavar la resistencia 
y la pluma se quiebra al escribir sonetos y versos
los puños se cierran y se blanquean los nudillos
golpeando las sombras que hay en maldita mente.

La frustración y la castración están frente a mí
entre la verdad inocente y la verdad quebrada por el dolor
cuando te susurran que no sigas subiendo la escalera
mis pies se vuelven pesados e inseguros.

Oyendo a cada paso como se quiebran los peldaños
y las astillas atraviesan mis pies y ese dolor
me sube hasta mis ojos llorosos y sin vida
viendo que el mundo se desmorona, cuanto más subes.

El problema no es la palabra hallada en mi tumba
sino el verbo que vino a golpearme
removiendo mi tumba para resucitarme
y volver a subir esa maldita escalera.

Ya sabemos lo que hay al final de la escalera
un gato que te mira y no te juzga
siempre está solo, esperando a los desalmados
y seguirá solo, pues haré lo que se espera.

Caer al vacío y volver a morir de nuevo
para encontrarme sumergido en las lágrimas
de un mar de lamentos, donde mis intentos
por querer ser quien quería ser y no seré.

Y vuelta a empezar. 
 

 

 
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