El héroe que fúí


El héroe que fuí, al luchar 
en todas las guerras injustas
donde la muerte acariciaba mi cabello
sintiéndola tan cerca, que podía verla.

rezaba por las muertes que había dado
la cuenta era extensa, sus fantasmas 
jugaban a quitarme el arma y sonreía
nunca toqué a quien no fuera soldado.

Mi conciencia era mi honor en campo de batalla
corriendo junto a mis hermanos, las lluvias de balas
nos rehuían, era otro día de buena suerte
nunca fuí creyente, pero rezaba a escondidas.

La muerte visitó nuestro batallón muchas noches
una amante, conquistadora de nuestras almas
ella era el consuelo del dolor y la angustia
siempre se paraba ante mí, y me sonreía.

Alguna noche la invitaba a jugar al ajedrez
aunque no era amistosa con nadie, conmigo si lo era
jugábamos unas horas, hasta que el sueño me vencía
y volvía a verla, trabajando en las tropas enemigas.

Pasaron los años y las guerras fueron más cruentas
ya no había honor, solo valía aterrorizar 
era un soldado negado a perder mi honor y mi ética
los altos mandos me llamaban, el último soldado.

Las guerras justas ya no existían, solo eran comedias
donde los soldados eran lo payaso que hacía reír
a los magnates, y los gobiernos nos viraban la cara
el honor había desaparecido, y la muerte ya no era la misma.

Dejé el campo de batalla atrás y volví al hogar
acompañado de los fantasmas que buscaban cobijo
en los cuartos vacíos de una casa herida por el olvido
allí permanecimos, entre bailes y veladas de terror.

La muerte me visitaba y volvíamos a jugar al ajedrez
noche tras noche, siempre ganaba, era lo normal
una noche me habló de una guerra injusta y sin honor
sabía que debía volver al campo de batalla.

Ella esperaba mi presencia en aquella carnicería
así que fuí directo a aquel país de girasoles
sentí de nuevo la fuerza de un pueblo valiente.

el honor estaba en todas partes, era una guerra
Empezaron los combates y luchamos como hermanos
ante la lluvia de bombas que hacían llorar al mas fuerte
estaba en mi casa, de nuevo, luchando por la libertad.

esperabamos agazapados a un enemigo perdido de antemano
Allí luché con la fuerza de la etica y el honor
volvía a ver a la muerte, haciendo su trabajo
alguna noche me visitaba y jugabamos de nuevo

pero aquella noche estaba triste, y le pregunté
Que aflije al angel de la muerte, esta noche estrellada
mañana morirás en combate y no podré hacer nada
la miré, y cogí su mano, y con una voz tranquilizadora.

le dije, sigamos jugando, mañana me llevaras en tus brazos
Ella me recogió del campo de batalla y me llevó 
con la delicadeza que se espera de una anfitriona como ella
cerré los ojos, miestras ella cantaba para mí

Fuí un heroe que dio su vida por los girasoles.
 

 
 
 
 
 
 
 
 

 

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