El antro del jazz


el humo y hedor de aquel antro me gustaba
entrabas y el jazz se apoderaba de tu alma
la tristeza bailaba con la ternura
y el saxofón sonaba como una caricia.
 

Aquel lugar era el último antro de los perdidos
degustabas en el ambiente, el olor a licores
con nombres ambientados en la soledad del cliente
desamores, pérdidas, depresión, alcoholismo, 
marineros en busca del amor de una noche.
 

hombres desesperados por olvidar sus penas
ante una copa y acompañados de sus recuerdos
amantes que soñaban con encontrar compañía
sueños rotos en una barra, llena de copas.
 

Allí estaba, degustando la tragedia del optimismo
mientras sonaba una balada que cautivaba mi ser
las lágrimas estaban permitidas, en los rincones oscuros
las drogas blancas formaban dibujos en los baños.
 

dandole a la vida una nueva oportunidad
a pobres desgraciados que buscaban la paz
sentada en una esquina una mujer con un martini
yo mirando su silueta, soñando con ser su copa.
 

El tiempo se paraba en este lugar, éramos unos extraños
compartiendo el deseo de sobrevivir un día más
escuchando las notas de un viejo piano, 
que escupian notas amargas a nuestros oídos.
 

Jamás dudé de que aquel sitio fuera el paraíso
por unos momentos, las charlas se hacían eco
en la profundidad de la sala y escuchabas
la tristeza de quienes soñaban en vida su funeral.
 

El tiempo era eterno en aquel antro infernal
no querías salir a la realidad que espera en la puerta
borrachos y sin dolor en el alma, bailaban 
todos estábamos juntos en una realidad paralela.
 

No puedo seguir así, pensaba mientras tomaba un trago mas
mi cuerpo está dormido y quiero que no despierte
ponme otra copa le pedía al barman, con una sonrisa
me conocía, y sabía que mi melancolía debía ser borrada
en el alcohol de una botella que guardaba para mí

La noche se dormía, amaneciendo un nuevo día de dolor
volvíamos a nuestras vidas reales y no éramos nadie
éramos la vanguardia de una revolución inventada
sin un lider que marcara el paso hacia la salvación.
 

La música se apagaba como se apaga una vela, de un soplo
era la hora de salir a encontrarnos a nosotros mismos
nos despedían a escobazos, borrachos de nostalgia
y el sol nos quemaba la cara, un golpe de la realidad.
 

No queríamos volver a nuestra vidas, pero las puertas
se cerraron tras de mí, y sentía la soledad de nuevo
el alcohol no ahogaba mi desesperación, 
la música enmudecía y mi alma se alzaba para salvarme.
 

le decía que no valía la pena, que era un fantasma 
ya no siento nada y muero cada día en una tortura
hasta que vuelvo a escuchar el jazz que me abraza
y me consuela de una vida de soledad absoluta.
 
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